Aeropuerto Internacional El Dorado

Blog de las comunidades afectadas por la ampliación y modernización del Aeropuerto

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El Costo Humano de los Aeropuertos

Cuando hablamos de aeropuertos, generalmente no hablamos del daño a la salud y el bienestar de aquellos que viven cerca. Las familias que están tratando de dormir, de mantener una conversación, de concentrarse en su trabajo, sus estudios.

Niña residente en la zona, sufre de daño en su salud asociado con el ruidoAquellos que están sufriendo daños graves físicos y psicológicos, altos niveles de estrés, pérdida de audición, enfermedades cardiovasculares e insomnio. Aquellos que están simplemente tratando de tener un momento de tranquilidad en el seno de sus hogares. Al igual que todos lo que no somos tocados por estas circunstancias, yo, tampoco hable de este costo humano hasta que conocí a Gloria. Tampoco el Banco Interamericano de Desarrollo (“BID”) habló de este costo humano cuando financió la expansión del Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá, Colombia.

Gloria vive en Fontibón, una localidad con mucha densidad de población ubicada en la periferia de Bogotá y que colinda con el Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá. Las casas y los edificios de Fontibón se apretujan contra éste con solamente una calle y una valla para separar sus residencias de la pista y los aviones. No fue siempre así, Fontibón tiene una larga y digna historia, que se remonta a tiempos precolombinos, poblada por los Muiscas, pueblos indígenas que ocuparon el altiplano cundiboyacense desde el año 600 d.C. El aeropuerto fue construido en el traspatio de Fontibón, no al revés.

(En la imagen: Niña residente en la zona, sufre de daño en su salud asociado con el ruido)

El hogar de Gloria no tiene insonorización acústica, aunque ella vive dentro del área más afectada por el aeropuerto. El ruido generado por éste, es tan fuerte, que cuando un avión sobrevuela, ella tiene que hacer una pausa durante cualquier conversación (ella podría hablar, pero no pueden oírla), así mismo, si ella o su familia se logra conciliar el sueño se despierten varias veces durante la noche.

La autoridad de aviación civil de Colombia, Aerocivil, dice que insonorizó más de doce mil viviendas dentro de esa zona, pero Gloria – y muchos otros – no tienen ninguna insonorización. Un estudio de las áreas afectadas por ruido, realizado por la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá en 2012, encontró que solamente un 2,7% de la población evaluada tiene sus viviendas parcialmente insonorizadas y que de estas solo sirve el 1,1%.

La situación no es mucho mejor para aquellos que recibieron los mecanismos de insonorización. Cuando visité Fontibón este año, vi algunas de las viviendas “insonorizadas” por Aerocivil. Algunas ventanas tienen doble vidrio, otras viviendas tienen una tela de fibra de vidrio en el techo, el cual a veces es una sola hoja de hierro corrugado. Nadie tiene aislamiento en las paredes. Como Gloria, ellos no pueden dormir en la noche. El ruido es tan fuerte que, cuando me hospedé en un moderno hotel cerca del aeropuerto, aún no pude dormirme por la noche.

Residente afectada por el ruido

(En la imagen: Residente de la zona de afectación sin insonorización en su techo de hierro corrugado.)

La situación empeoró, desde que el BID, un banco de desarrollo constituido por gobiernos regionales y donadores, financió la expansión del aeropuerto, causando un gran aumento en el volumen de vuelos. Entre el 2006 y el 2012, las operaciones aéreas aumentaron más de un 30%, mientras el volumen de pasajeros casi se dobló. Realmente, El Dorado es el segundo aeropuerto más utilizado de Latinoamérica, recibe hasta 50 vuelos por hora, un índice que se proyecta elevar a 90 vuelos por hora en el 2018.

Cuando las instituciones financieras de desarrollo, como el BID, invierte en proyectos, deben “no hacer daño”. Su financiamiento permite proyectos que, debido a su naturaleza y su alcance, pueden causar grave e irreversible perjuicio ambiental y social. Su misión de desarrollo – y sus propias políticas operativas – obligan que se investiguen y se gestionen eficazmente tales riesgos.

Cuando el BID financió la expansión, sin embargo, apenas reconoció los impactos en la comunidad de Fontibón. Por el contrario, destacó el programa de insonorización acústica realizado por la Aerocivil, sin investigación de su alcance o eficacia. Reconoció que los niveles de ruido registrados sobrepasaron los límites establecidos en la legislación ambiental nacional, sin mencionar en absoluto los riesgos a la salud asociados con una seria contaminación acústica. Financió el proyecto sin tener en cuenta su costo humano.

Los impactos negativos sobre la salud causados por el ruido ambiental son bien conocidos. La organización mundial de la salud nos informa que la exposición crónica a niveles altos del ruido ambiental que pueden causar la pérdida de audición, enfermedades cardiovasculares, deterioro de las capacidades cognitivas, y grave perturbación del sueño, entre otros impactos perjudiciales. Los niños son particularmente vulnerables al daño causado por el ruido; estudios han concluidos que hay un vínculo entre la exposición a largo plazo al ruido del tráfico aéreo y dificultades de aprendizaje.

Estas conclusiones no son ninguna sorpresa para los residentes de Fontibón. La Secretaría Distrital de Salud dice que un 67% de la población de Fontibón no duerme bien, mientras que hasta un 37% de las personas sufren de insomnio crónico. Algunos menores expuestos a altos niveles de ruido tienen una afectación auditiva temprana que puede entorpecer su desarrollo.

Muchos se preguntan, y ¿por qué no se reubican aquellos afectados en Fontibón? Porque un hogar es más que una casa. Es parte de una comunidad, de una historia, de una red de amigos y familias.

La gente con la que hablé aceptó que el aeropuerto es una parte de su barrio también. Lo que quieren es que los impactos a su salud, al desarrollo de sus niños sean identificados y que se tomen las medidas necesarias para reducir el daño a la comunidad. Los edificios tienen que ser insonorizados eficazmente. Los planes de tráfico aéreo tienen que tener en cuenta el costo humano del aeropuerto además de los obvios y grandes beneficios para la ciudad, el país y la región ampliada.

Afectado(En la imagen: Un residente en su techo, con el aeropuerto al fondo)

Junto con otros miembros de su comunidad, Gloria ha seguido pidiendo a las autoridades locales y nacionales, y también al BID, tomar estas medidas para proteger sus barrios.

La oficina de rendición de cuentas del BID (la que recibe las quejas ciudadanas) está investigando la queja de Gloria. Sin embargo, el BID le dijo que es poco lo que pueda hacer, porque su relación con el aeropuerto terminó el año pasado cuando el préstamo del banco fue reembolsado, Gloria no está de acuerdo. Hay algo muy importante que el BID puede realizar todavía.

En agosto del año pasado, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales – de forma controvertida – permite a los vuelos utilizar la pista adyacente a Fontibón veinticuatro horas al día. La Secretaría de Ambiente de Bogotá se opuso a este cambio de horario, junto con miembros de la comunidad, como Gloria.

La autoridad aceptó que existen impactos negativos causados por el ruido, pero no estuvo dispuesta a negar la ampliación del horario sin un estudio claro que cuantifique estos impactos.

El BID podría – y debería – financiar tal estudio. Cualquier daño que está siendo experimentado por las comunidades de Fontibón es imputable, al menos en parte, a la falta del BID de realizar este estudio antes de financiar la expansión del aeropuerto, como requerido por su propia política operativa. Tal estudio es un primer paso necesario para desarrollar un razonable plan de mitigación del costo humano en el Aeropuerto El Dorado y también en otros proyectos aeroportuarios apoyados por el BID. Así, el estudio aseguraría que el Aeropuerto El Dorado sea el aeropuerto de oro que el mismo afirma, en lugar de la realidad deslustrada.

Todos deberíamos hablar más del costo humano de los aeropuertos. El BID debería iniciar la conversación.

Lani Inverarity

Licenciada en Derecho (con honores de primera clase) y Licenciada en Artes, con especialización en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, de la Universidad Victoria de Wellington. Abogada del Accountability Counsel.

Sitio Web: www.accountabilitycounsel.org Email Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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